napoleon meets sphinx gerome 1862

Desde la Revista Esfinge os traemos esta entrevista a Manuel Abeledo por M.ª Luisa Requena, sobre el origen de la egiptología.

Manuel Abeledo ha sido fundador de dos asociaciones de egiptología en Cantabria, ASCAE y AEC, de la que actualmente es presidente. Una de sus mayores ilusiones y prioridades es difundir la cultura faraónica, y para ello, creó y dirigió entre 2005 y 2006 uno de los primeros programas de radio dedicados íntegramente a la egiptología, Paseando con faraones.

Manuel Abeledo está volcado desde hace años en la investigación, tanto de la expedición a Egipto como de los savants que la integraron. Ha recopilado una de las mayores colecciones de material gráfico antiguo que existe en España sobre dicha expedición, convirtiéndose en un apasionado especialista de esta aventura militar-científica.

Los llamados «savants», que viajaban con Napoleón, pertenecían a todas las ciencias y artes. Había ingenieros, topógrafos, arquitectos, físicos, químicos, matemáticos, zoólogos y pintores.

¿Cómo surgió su pasión por la egiptología?

No hubo ningún acontecimiento especial. La lectura de libros de relatos y aventuras, y posteriormente otros más de tinte científico, es lo que me ha llevado a esta pasión. En los primeros años, me interesaba todo por igual sin que hubiera algún aspecto que destacara sobre otro. Veía a personas volcadas en la religión, los jeroglíficos, el arte...

Hace unos diez años, empecé mi colección privada de material gráfico antiguo y llegó a mis manos un grabado de la Description de l'Égypte. A partir de ese momento, soy un verdadero apasionado de la expedición de Napoleón a Egipto realizada en 1798, y fundamentalmente de los «savants» que le acompañaron.

¿Cuál fue el motivo que llevó al Directorio, institución que ostentaba en ese momento el poder de la República Francesa, a decidir llevar a cabo la expedición a Egipto?


Creo que no fue un solo motivo sino varios. Dos fueron los principales. El primero, intentar cortar las líneas comerciales de Inglaterra con la India y dominar el Mediterráneo. El segundo, alejar a este joven general llamado Napoleón Bonaparte, que empezaba a tener demasiado poder. Se sabe que a Napoleón, desde siempre, le había fascinado Egipto y que con solo veintiún años había escrito un cuento oriental titulado El profeta de la máscara donde contaba una revuelta popular contra el califa. Un texto premonitorio de la expedición que iba a emprender en el futuro.

¿A qué cree que se debía ese especial interés de Napoleón por el antiguo Egipto?

Desde su adolescencia, a Bonaparte le interesaba conocer el origen de las civilizaciones, y Egipto es un país donde han acontecido muchos hechos histórico-religiosos de máxima importancia. Desde la época de Luis XIV, Francia había deseado conquistar Egipto y hubo varias intentonas, aunque ninguna fructificó. Posteriormente, los viajeros Savary y Volney, que publicaron sendas obras sobre su visión de Egipto, también influyeron en la mente de Napoleón. Todo esto era conocido por Napoleón, que pensaba en emular a Alejandro Magno.

El 19 de marzo de 1798, la Escuadra de Oriente sale del puerto francés de Toulon con 328 barcos y 54.000 hombres, entre los que viajaban 167 eruditos. Transportaban con ellos una biblioteca. Estos eruditos, ¿en qué disciplinas estaban especializados? Esa biblioteca en alta mar, ¿en qué consistía?

Los llamados «savants» pertenecían a 
todas las ciencias y artes. Había ingenieros, topógrafos, arquitectos, físicos, químicos, matemáticos, zoólogos, pintores e incluso un poeta. Respecto a la biblioteca en alta mar y mediante las anteriores conquistas italianas, se llevaron las imprentas árabe y griega que estaban en Roma y las embarcaron.

Uno de los savants más relevantes de la expedición fue, sin duda, el barón Dominique Vivant Denon, encargado de dirigir la misión científica. ¿Qué nos puede decir de este singular personaje, del cual se dijo que fue el alma de la expedición?

Vivant Denon fue y es un gran personaje a descubrir. Podemos decir que más que el alma de la expedición, fue su propia alma, aunque los acontecimientos van a hacerle el iniciador de la egiptomanía que invadirá Francia y Europa.

¿Nos puede hablar de otros personajes que, para usted, hayan jugado un papel fundamental en la expedición napoleónica?

Para mí, el alma de la expedición es, sin 
duda, Nicolas Jacques Conté. El ciudadano Conté, que embarcó como jefe del cuerpo de los aerosteros (globos), fue en poco tiempo elegido por Napoleón como el responsable de todas las artes y oficios en la expedición. Anteriormente a esta expedición, Conté ya había inventado el «lápiz» pero es en Egipto donde tendrá una febril actividad imposible de detallar en este artículo: un telégrafo para ayudar a la flota anclada en Alejandría, molinos de viento para la molienda del trigo, sables, cartones, tejidos, tambores, trompetas, aparatos de topografía, catalejos, compases, lápices, lupas, microscopios... creación de fundiciones y acerías, lanzamiento de aerostatos, etc. Gaspard Monge dijo: «Conté tenía todas las ciencias en su cabeza y todas las artes en su mano». Y Napoleón Bonaparte: «Conté, hombre universal, capaz de crear todas las artes de Francia en medio de los desiertos de Arabia». Creo que Conté es un gran desconocido y es una verdadera pena. El centro de operaciones de las comisiones científicas que exploraban el territorio fue el Instituto de Egipto, creado por el propio Napoleón. 

¿Cuáles eran los objetivos de esta institución? 

Eran varios, como por ejemplo, estudiar las crecidas del Nilo, los sistemas de irrigación de los egipcios. Uno de ellos, no menos importante, era cómo unir el Mar Rojo con el Mediterráneo, algo que haría un compatriota suyo unos años más tarde.

¿Por qué se dice que Napoleón fue el inventor de la egiptología?

Napoleón, indirectamente, puede haber ayudado a «inventar» la egiptología, pero creo que personajes como Denon, Fourier, Conté, etc., son los verdaderos iniciadores de la egiptomanía que ayudaría a crear la egiptología. Si se me permite un símil valenciano, los «savants» de la expedición montarían la mascletá, y Champollion la encendería.

Como consecuencia de las numerosas reflexiones, investigaciones y dibujos que los sabios y artistas trajeron del país de las pirámides, surgió una gran obra, La descripción de Egipto, que está considerada, junto a la Enciclopedia, de Diderot, una de las grandes obras del Siglo de las Luces. ¿En qué consiste este formidable compendio sobre Egipto?

Fue una obra faraónica, como no podía ser menos, tanto en el tiempo anterior a su ejecución (tardaron unos siete años en la recopilación) como en la ejecución (se tardó veinte años en su impresión).

La obra se divide en tres grandes secciones: Edad Antigua, Edad Moderna e Historia natural, comprendiendo 23 volúmenes, 10 tomos de texto y 13 de grabados, donde se muestran 924 láminas. De ellas, 71 estaban previstas en color pero solo se imprimieron 59 por su alto coste económico.

El primer volumen se consagró a las antigüedades y salió de la imprenta en 1809, sucediéndose los tomos hasta 1829. Sin duda, el logro más prestigioso del Siglo de las Luces. Se estima, finalmente, que el coste total de la
publicación entre 1802 y 1835 fue de unos 5.000.000 de francos (de esa época).

De los hallazgos realizados por la expedición napoleónica en Egipto, el más relevante fue el de la piedra de Rossetta, no tanto por el objeto en sí, sino por las consecuencias que iba a tener su
descubrimiento. ¿Qué nos podría decir al respecto?

El descubrimiento de la piedra de Rosetta fue un gran acontecimiento, que posteriormente resultaría vital para el nacimiento de la egiptología. Ya en la época de su descubrimiento, los «savants» intentaron su desciframiento pero les fue imposible. Esto puede ser un resumen de este hecho histórico: el 15 de julio de 1799, en el pueblo de Rashid (Rosetta), el capitán de las tropas francesas Bouchard ha descubierto una piedra de granito negro con tres formas de escritura, jeroglífica, demótica y griego. La piedra de Rosetta será descifrada por otro francés, Champollión, que en ese momento tiene ocho años. Todo el mundo relacionamos a Champollion con la piedra de Rosetta.

Nos gustaría que nos contara algunas anécdotas singulares que ocurrieron en esta expedición.

Hay muchas, pero las que ahora me vienen a la memoria, cuando Conté inventa un telégrafo para advertir a la flota de la llegada de Nelson, que sus superiores no lo ponen en práctica; o cuando las tropas francesas, con el general Desaix al frente, tienen a su vista Luxor, la antigua Tebas, y los soldados lloran y aplauden de la emoción.

¿Nos podría hablar sobre lo que se cuenta de la visita de Napoleón a la cámara del rey en la gran pirámide?

Lo único que sabemos con certeza es que, según algunos grabados y textos del siglo XIX, parece que Napoleón sí que visitó la Gran Pirámide. Que hiciera noche allí o que solo estuviera un breve tiempo, creo que es lo menos
importante.

¿A qué cree que es debida la gran fascinación y especial interés que ha suscitado siempre el Antiguo Egipto en la gente?

Cuando una persona llega a Egipto, sea aficionado o no a la egiptología, se dará cuenta de por qué esta gran fascinación y pasión que tenemos por el Egipto antiguo.

 

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