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Disculpen las molestias.

La música es una de esos elementos tan presentes en nuestro día a día, que los damos por sentados y llega un momento que ya prácticamente ni le prestamos atención. El que la pasemos por alto, no obstante, no significa que no esté. Está, y de hecho, nos afecta mucho más de lo que pensamos, como nos introdujeron José Luis Risueño, Rosa Burdeus y Carlos Farraces, voluntarios de Nueva Acrópolis Castellón y amantes de la música y de la filosofía que busca el sentido profundo de las cosas.

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La música está compuesta por compases, tiempos, ritmos, frecuencias, volumen, intensidad... toda una serie de fenómenos físicos que son perfectamente medibles y estudiables. Los investigadores traducen estos fenómenos a números, de forma que puedan ser analizados, y que se pueda estudiar la forma en que se combinan. Todo esto entra en el terreno de la investigación “musicológica”, podríamos decir, pero hay otra parte que busca establecer cómo todo este maravilloso conjunto nos afecta a cada uno de nosotros.

 

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La música se transmite por el sonido. El sonido son vibraciones. Y las vibraciones impactan en nuestro organismo y lo hacen vibrar. Ciencias como por ejemplo la Cimática estudian en qué medida y de qué forma afectan las vibraciones (es decir, las matemáticas de la música) a diferentes cuerpos: agua, arena, etc.

 

 

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Y se ha descubierto que, a grandes rasgos, los sonidos armónicos (canto de aves o ciertos tipos de música, por citar algunos ejemplos) crean patrones geométricos armónicos en los cuerpos en los que impactan. Esto, llevado al terreno humano, produce esa sensación de bienestar que nos invade al escuchar buena música, o los sonidos de la Naturaleza, o la voz de un ser querido. Implícito está el que con sonidos “desarmónicos” ocurre justamente el efecto contrario.

 

 

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Por lo tanto, dado que cada música produce un efecto singular, conviene rodearse de las vibraciones que creen el mejor de los efectos de nosotros, con el objetivo de estar bien nosotros con nosotros mismos, y al mismo tiempo mejorar en lo posible nuestro entorno.

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