Confucio con frase IIConfucio con frase

 

Para abordar este tema de la política podemos encontrar numerosos ejemplos en la historia de grandes pensadores que se han dedicado a profundizar en el arte del buen gobierno, como son Kung-Fu Tzé, conocido en occidente como Confucius,  o Platón y Pitágoras en Grecia, o en el caso del Imperio romano, Marco Aurelio y Séneca .

 

 

Personajes que abordaron este tema del orden social dejando obras escritas que nos siguen sirviendo de inspiración para poder plasmar en la tierra el ideal de la Justicia, mediante esta ciencia y arte que es la política.

En el caso de Kung Fu Tzé está considerado como una de las luces más altas del pensamiento chino y como un teórico político cuyas ideas ejercieron y ejercen una profunda influencia sobre la civilización de toda Asia Oriental.

Su doctrina contiene una actitud humanista y hace hincapié en las relaciones esenciales entre los seres humanos. Para ello instaura unas reglas de conducta y convivencia, mediante una nueva legislación, un nuevo orden político y económico destinado a lograr la fraternidad, la concordia y la armonía. Además formaliza a través de una filosofía moral la relación entre el individuo y el estado, siendo el estado no sólo la suma de instituciones sino la expresión de la conciencia cívica del individuo y quien le proporcionará la educación, seguridad, sustento y posición social. Y en el caso del hombre, deberá ser responsable no solamente de su propia vida, sino también del beneficio de la colectividad.

Lo notable de este planteamiento está en que la vinculación es moral, no económica. El individuo asume su responsabilidad dentro del estado como consecuencia del desarrollo de una serie de valores internos y de una conciencia que trasciende lo individual.

De la misma manera, la capacidad de gobierno dependerá de la integridad moral y de un alto grado de conciencia. Solamente quien es capaz de vivir una ética basada en los principios tradicionales puede hacer que un pueblo alcance una vida próspera y feliz.

Es por tanto el ideal político de Confucio conseguir una sociedad de individuos donde el Orden sea tan perfecto que se torne innecesario el gobierno mismo, sin embargo conocedor como pocos de la naturaleza humana, sabía que todavía estamos lejos de conducirnos a nosotros mismos, por lo que propone un gobierno filosófico, dirigido por el más capaz, el más apto, el más virtuoso. Aquella persona que para dirigir a su pueblo escogerá los medios y momentos más oportunos y que buscará despertar en sus semejantes el sentido de la virtud, y de entre ellas la más sólida de ellas: La Justicia.

Pero ¿quién es Kung Fu Tzé?

Importante filósofo chino, que nació a mediados del siglo VI (a. J.C.)  en una aldea del estado de Lu, perteneciente a una China semilegendaria, desangrada por luchas feudales.

La importancia de este Maestro oriental es que dedicó gran parte de su vida al estudio de los textos, la música y artes clásicas chinas, y supo aplicar estos conocimientos para mejorar la convivencia entre los seres humanos.

A la edad de 17 años ya ocupaba un puesto de funcionario público, como “supervisor de graneros”, trabajo que desempeño con tal eficacia que los magistrados superiores de la ciudad, prendados de la conducta del joven mandarín, le propusieron al gobierno para la reforma de los infinitos abusos que se habían introducido en los campos, sobre todo en lo relativo al ganado mayor y menor. Confucio sólo tenía 21 años cuando se vio revestido de tan importante empleo y lo desempeñó con toda la inteligencia y el buen éxito que de él cabía esperarse, conquistando el aprecio universal de sus conciudadanos y ganándose la reputación de sabiduría de la que gozó durante toda su vida.

A los 50 años fue nombrado magistrado de Zhongdu y posteriormente funcionario de justicia del estado de Lu. Las reformas que él puso en marcha conllevaron a una gran prosperidad y a la vez a los celos de los estados vecinos quienes intrigaron para que fuese depuesto de su cargo. A partir de ese momento se dedicó a viajar por los diferentes reinos y principados llegando a consolidar un gran número de discípulos.

Allá por donde iba le suplicaban que permaneciera más tiempo, pero él les contestaba:

            “Me debo indistintamente a todos los hombres, y los considero como una sola familia, de la que tengo la misión de ser el instructor”.

A los 70 años fue formalmente invitado por el nuevo príncipe a regresar a su país y allí permaneció hasta su muerte, tres años más tarde. Durante este corto período se dedicó a culminar la obra que inmortalizaría su nombre, la recopilación, redacción y edición de los llamados cinco Libros, los clásicos confucianos, que recogen el saber tradicional chino, destinados a ser fuente de inspiración para las generaciones venideras.

Lo que fundamentalmente resaltaba Confucio era el valor de la tradición, y con ello se vincula con los principios y valores culturales y civilizatorios fundamentales que, bajo la forma de mitos o canciones, se han transmitido de generación en generación. La comprensión de estos valores fundamentales permite al gobernante contar con un bagaje de experiencias útiles. De esta manera cada decisión estaba respaldada por la sabiduría de grandes personajes a través de miles de años de historia.

Pero la transmisión de la tradición no se limita a experiencias de gobierno; en esencia son los valores que un padre debe enseñar a sus hijos y éstos a su vez a los suyos. Los hijos a su vez tienen el deber filial de conservar el legado moral de sus antepasados asegurando la fidelidad a los principios originales. Esta cadena de valores permite la continuidad de la civilización.

Se podría pensar que un planteamiento cultural y social basado en la conservación de valores ancestrales llevaría a un pueblo a una rutina y a la final paralización. Esto no es así, porque Confucio muestra cómo la educación puede hacer que un hombre sea capaz de atesorar y vivir conforme a valores no sólo de su familia, sino de todas las familias, no sólo de un pueblo sino de todos los pueblos. Un ser humano así alcanza tal amplitud de conciencia y principios que su conducta y acción renuevan e impulsan a la civilización hacia el progreso espiritual, material y social.

Según el Maestro Kung, la dedicación al estudio y comprensión de los principios fundamentales permitiría al hombre común convertirse en un hombre superior. Este hombre superior debería de encarnar las virtudes culturales y civilizatorias del estado y por lo tanto podría asumir altos deberes dentro de él. Su acción serviría de modelo para sus conciudadanos y sería garantía de estabilidad, porque no basta con saber recitar códigos, tradiciones o la historia misma; es necesario entenderlas y vivirlas, logrando una verdadera integración entre los principios éticos y las circunstancias de la vida diaria. El que fuera capaz de hacer que su vida sea reflejo de estos valores trascendentes estaría capacitado para conducir a un pueblo a un grado más elevado de comprensión de la vida y por lo tanto a una manera diferente de enfrentarla. El hombre que puede hacer esto es un hombre superior, siendo lo prudente en cualquier institución de gobierno que esté conformada, o por lo menos asesorada, por hombres superiores. Ellos tienen el deber de orientar y encauzar al estado para que alcance su camino, y de la misma manera, a cada ciudadano.

Lo que está proponiendo Confucio es el ideal del Gobernante Sabio, en cierta medida al estilo de Platón, y a este tipo de gobernante lo denomina Ju, y destaca algunas virtudes como características de este hombre superior: benevolencia, prudencia, humildad, generosidad y piedad filial, valores que se repiten en muchas de sus sentencias mostrando cómo éstas definen el carácter y acción del individuo y cómo contribuyen al bienestar del estado.

Este gobernante virtuoso tiene el poder de vincular el mundo con el cielo haciendo que las leyes del estado correspondan a las de la naturaleza permitiendo que cada ciudadano tenga la posibilidad de una vida próspera. Por ello a través de las enseñanzas confucionistas se revela al hombre como un ser que evoluciona con la disciplina y la educación; pero que a la vez es un ser eterno cuya conciencia puede abarcar el pasado el presente y el futuro. Por ello puede constituirse en el eje central de toda sociedad, elevándose al grado de Hombre Superior, cuyas virtudes se irradiarán a todo lo que les rodea como la luz de una antorcha en medio de la oscuridad.

Recordemos que Confucio recupera de las tradiciones chinas el concepto del “Mandato del Cielo, esto significa que el gobernante está moralmente obligado a seguir las categorías éticas que emanan del Cielo, es decir de un orden superior. Cuando esto no ocurre, el gobernante pierde el Mandato del Cielo, es decir el derecho a gobernar. Esto se muestra patentemente en el mal gobierno, en guerras injustificadas o hambrunas. Cuando el gobernante pierde en mandato del Cielo, el pueblo está justificado en alzarse en rebeldía y cambiar el gobierno.

De ahí que Confucio nos vuelve a recordar que en cada individuo el orden universal posa su esperanza de realización, dado que el hombre, como ser inteligente, se encuentra en la cúspide de la evolución en el mundo. Él es el eslabón que permite unir la perfección del cielo (leyes universales) con la tierra (mundo, sociedad).

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